el repollo

El hombre come y usa berzas para sanar sus males desde tiempo inmemorial. Los griegos les atribuyeron la virtud de aumentar la leche de la madre en la crianza de sus bebés. Los romanos consumieron abundantemente berzas, no sólo como alimento, sino como antídoto de un tóxico tan corriente como el alcohol. Catón el Viejo las preconizaba contra los excesos de las bebidas, tomadas antes de comer, a modo de aperitivo, encurtidas en vinagre. Y declaraba que si los romanos habían podido pasar sin médicos durante más de seis siglos, el mérito debía atribuirse al uso de las berzas.

Según Dioscórides, "la berza doméstica, si ligeramente cocida se come, ablanda el vientre y al contrario, le restriñe siendo cocida perfectamente; y mucho más la que se cuece dos veces. Si se come a la fin del pasto ataja todos los males del vino y de la embriaguez.
Sus bretoncicos tiernos son más útiles al estómago, aunque más agudos y provocativos de orina. El zumo de la cruda bebido con nitro y con la raíz del lírio cárdeno, ablanda el vientre... Sirve también a las llagas sucias y antiguas. Si se mascan y traga su zumo, restituyen la voz perdida. La simiente de la berza, y en especial de la egipcia, bebida, extermina las lombrices del vientre".